¿Llevo a un enfermo de alzheimer a la residencia?

25 Sep

Consulta:
Quería consultarles con respecto a mi abuela.
Hace 6 meses perdimos a nuestro abuelo (su marido) y ella además de tener poca movilidad, tiene Alzheimer. Hasta el momento estaba en su propia casa, al cuidado de enfermeras y asistentes. Las personas que dormían en casa con ella y la cuidaban la mayor parte del tiempo, por problemas familiares, van a dejar la casa y, con ello, dejarán de cuidarla.
Ahora con mi familia estamos en el gran dilema… ¿es positivo para su situación que la llevemos a una residencia para ancianos?


Respuesta de los doctores Carlos Hernández Lahoz y Secundino López Pousa:

Antes de nada expresarle nuestra condolencia por la muerte de su abuelo.  El dilema que le preocupa a usted es muy común, siendo una pregunta muy habitual en muchas familias a la hora de valorar la decisión de “apartar” del hogar a un ser querido e ingresarlo en una residencia geriátrica o bien en un centro socio sanitario.

Las demencias y entre ellas la enfermedad de Alzheimer, son enfermedades de evolución progresiva que se dan en su mayoría en personas de edad avanzada.  Con frecuencia a los síntomas de la enfermedad se asocian otras  patologías crónicas frecuentes en estas edades como la artrosis, la sordera, la diabetes, la hipertensión y /o la insuficiencia renal entre otras que dificultan aún más su atención domiciliaria.

A medida que  progresa el deterioro cognitivo y aparecen más dificultades en la comunicación, aumentan los déficits funcionales y las alteraciones conductuales. El control y el bienestar de estas personas en el domicilio, en fases moderadamente avanzadas de la enfermedad,  en la mayoría de los casos es difícil de asumir a no ser que se realice por un equipo de varias personas expertas, generalmente tres. Y aun así, es frecuente que se produzcan situaciones delicadas, que se en la mayoría de los casos, se subsanan con la buena voluntad y preparación de los cuidadores.

Siempre que sea posible, se recomienda que la atención del paciente que sufre demencia se lleve a cabo en su  domicilio, evitando la institucionalización; sin embargo existen situaciones en las que es necesaria, sobre todo cuando se observe claudicación de los cuidadores.

En estadios moderadamente avanzados de la enfermedad, los cuidadores , sí no tienen una formación apropiada, les resultará muy difícil realizar un manejo adecuado de los signos y síntomas (el dolor, la pérdida del apetito con una disminución significativa e inadecuada de la ingesta alimentaria, las alteraciones del sueño, las consecuencias de la inmovilización con la aparición de las escaras, las alucinaciones y la agitación  entre otros ) y que sí no son reconocidos  y tratados adecuadamente pueden acabar generando tanto en el paciente como en el cuidador situaciones emocionales de gran angustia y de agotamiento .

En nuestra cultura, damos mucha importancia a que tanto el cuidado como la muerte de los enfermos se produzcan en el seno familiar, valorando como un fracaso o un abandono el que pueda o vaya a ocurrir en una residencia. No  obstante, en el momento actual,  las residencias geriátricas y sobretodo las especializadas en cuidados de personas con demencia cuentan con personal formado en la atención de estos procesos prestan especial atención al control del dolor, la alimentación, la higiene, la movilización, el ejercicio físico y la rehabilitación cognitiva sobre todo muy útil en los estadios iniciales. Todo ello supone una gran mejora en el bienestar y en la calidad de vida de estos enfermos.

A pesar de este avance en el confort residencial  en la atención a las personas mayores no existe consenso sobre cuándo, y en qué momento de la evolución de la enfermedad debería de ser recomendado el ingreso de los pacientes con demencia en una residencia. En la mayoría de las ocasiones,  se realiza  cuando la enfermedad causa una gran limitación en el desarrollo de las actividades de la vida diaria del paciente o  cuando presentan problemas de comportamiento que supongan riesgo para su salud o la del cuidador (agresividad física o verbal, deambulación  continua, tendencia a escaparse del hogar, destrucción de objetos, o agitación).


Para más información le recomendamos que lea Alzheimer. Guía práctica para conocer, comprender y convivir con la enfermedad Un libro escrito por los neurólogos Carlos Hernández Lahoz y Secundino López Pousa

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