¿Qué aporta el ejercicio frente a la enfermedad de Alzheimer?

28 Dic

El ejercicio físico practicado de forma regular ayuda a las personas con Alzheimer a mantener su capacidad cognitiva y funcional y mejora su calidad de vida.

                  En los últimos años se han promovido diversos estudios para valorar, en personas con Alzheimer, la influencia de la fisioterapia y el mantenimiento físico (ejercicios aeróbicos de fuerza muscular y equilibrio) sobre las funciones cognitivas. La mayoría de los estudios han puesto de manifiesto que tanto la fisioterapia como el ejercido físico ordenado y prolongado a lo largo del tiempo mejoran la cognición, la capacidad funcional y la calidad de vida en personas mayores con algún grado de deterioro cognitivo. La evidencia del beneficio es débil, porque la mayoría de los estudios han sido de corta duración y los ejercicios de baja intensidad, fundamentalmente realizados en el propio domicilio.

                  La valoración de resultados es difícil en pacientes con demencia. Sin embargo, todas las observaciones coinciden en que, si bien la memoria perdida no se recupera con el ejercicio, sí mejoran la fluidez verbal y las funciones ejecutivas. Los pacientes ganan, asimismo, en equilibrio y capacidad cardiorrespiratoria. Curiosamente los resultados más satisfactorios se obtienen en mujeres.

                  Los pacientes con Alzheimer que hacen asiduamente ejercicio físico tienen mejor estado clínico que los que no se entrenan y hacen atrofia del lóbulo temporal más lenta y tardía que los sedentarios, según se ha comprobado midiendo el volumen cerebral en estudios seriados de RM con pacientes de uno y otro tipo.

Lo mismo se observa en ratones transgénicos, que desarrollan una forma parecida de enfermedad, tras introducir en su genoma uno de los genes humanos que provocan el Alzheimer hereditario. Los cerebros de los ratones enfermos se cargan progresivamente de ß-amiloide, pero si son expuestos al ejercicio físico el acúmulo disminuye, al tiempo que mejora su capacidad cognitiva para sortear determinados laberintos y obtener una recompensa. En menos tiempo encuentran en una piscina cubierta de agua lechosa, que impide ver el fondo, la plataforma medio sumergida donde descansar. Este resultado se mejora con la repetición del test, lo que demuestra que se guían por la memoria espacial para encontrar el área de descanso. El efecto neuroprotector del ejercicio físico, en los ratones, se debe al incremento en el hipocampo del factor neurotrófico estimulante de la neurogénesis, que preserva la integridad de los circuitos de la memoria. Lo más probable es que haya similitudes, en cuanto a los mecanismos de actuación del ejercicio sobre el cerebro, entre los humanos con Alzheimer y estos pequeños animales que sirven de modelo experimental.

Doctores Secundino López-Pousa y Carlos Hernández-Lahoz

 

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