Conocer la enfermedad de Alzheimer: cerebro y funciones cerebrales

6 Abr
  1. ¿Qué son las neuronas?

Las neuronas son las células fundamentales del sistema nervioso. Cada una constituye una unidad que se conecta a otras para realizar una función.

En el sistema nervioso hay dos clases de células: neuronas y neuroglia. Ambas tienen su origen en la misma placa embrionaria. Las neuronas transforman la energía exterior en sensaciones, pensamientos y acciones a través de su propia actividad eléctrica. Las células de neuroglia son más variadas y numerosas. La mayoría asume funciones de protección, soporte y nutrición de las neuronas y eliminación de los residuos generados en el sistema nervioso.

La neurona es la célula más diferenciada e importante del sistema nervioso. Cada neurona consta de tres partes:

(1) Un cuerpo o soma, cuya forma se parece a un huso de hilandera o una pirámide, según los casos.

(2) Dendritas, o prolongaciones cortas, que se extienden desde el cuerpo hacia afuera, como un ramaje arborescente.

(3) Axón, una prolongación única y larga, que conduce el impulso nervioso como un cable hasta su extremo final, desde donde se propaga a otra neurona (o al músculo, en las neuronas motoras del tronco cerebral o de la médula espinal).

Cada neurona es una unidad anatómica y funcional independiente. Las neuronas se comunican entre sí a través de puntos de contacto (sinapsis). El contacto no es de continuidad, sino de contigüidad, como demostró el histólogo y Premio Nobel español, Santiago Ramón y Cajal, existiendo entre las neuronas que contactan una pequeña hendidura o espacio sináptico.

En la terminación de axón se almacena en vesículas la substancia química que se va a descargar cuando la neurona esté activada. Las moléculas del neurotransmisor liberadas por la neurona presináptica atraviesan la hendidura y estimulan los receptores ubicados en la membrana de la siguiente neurona (postsináptica). El mensaje de una neurona sobre la siguiente puede ser excitador o inhibidor, según el carácter del neurotransmisor. Cada neurona establece entre 1.000 y 10.000 sinapsis con otras neuronas. Las neuronas se disponen en estructuras que establecen conexiones con otras formando circuitos y bucles de conexión, sumamente complejos. A través de esas vías de transmisión se vehiculan informaciones sensoriales y motoras por todo el sistema nervioso. A nivel cerebral, las redes de conexión son más complejas para funciones que tienen su expresión en la conciencia, el pensamiento y el lenguaje.

Cada neurona está cubierta por una membrana. Hay dos concentraciones diferentes de iones (sodio, potasio y otros) a cada lado de la membrana. En reposo, el interior de la neurona es más rica en potasio respecto a la superficie exterior, más rica en sodio.

En la membrana neuronal hay ancladas moléculas proteicas con dos tipos de funciones:

(1) Receptores de señales, para identificar mensajes procedentes de otras neuronas, de células gliales del sistema nervioso o de células sanguíneas que llegan al sistema nervioso a través de la sangre, cruzando la frontera que separa la sangre del sistema nervioso (barrera hematoencefálica).

(2) Canales para el paso de sustancias desde el exterior al interior de la neurona y viceversa.

Las neuronas se caracterizan por tener actividad eléctrica. Cuando llegan estímulos en cantidad suficiente a los receptores de la membrana, se produce una descarga eléctrica de aproximadamente 0,1 voltio, y el impulso nervioso generado en la neurona se transmite a través del axón. La vaina de mielina (sustancia grasa de color miel claro) envuelve al axón y facilita la conducción rápida del impulso nervioso. En la terminación del axón, el impulso nervioso provoca la liberación de una substancia química (neurotransmisor), que se vierte en el espacio de contacto (sinapsis), y es el estímulo que recibe la neurona postsináptica. La mayoría de sinapsis utilizan para la comunicación substancias químicas. Estos neurotransmisores, unas veces son excitadores y otras, inhibidores de las siguientes neuronas. En una minoría de sinapsis, la transmisión no es química, sino eléctrica, y esto ocurre cuando se necesitan conexiones muy rápidas.

                  2. ¿Qué funciones tiene el cerebro?

El cerebro recibe, a través de los órganos de los sentidos, información del entorno y del propio organismo, traducida en señales. Esta información es procesada confrontándola con las experiencias previas almacenadas en la memoria. Al final, se generan respuestas motoras, de aproximación o huida, que expresan la conducta instintiva y social del individuo. El cerebro humano produce, además, actividades mentales conscientes y voluntarias como pensamiento y lenguaje.

El sistema nervioso central está compuesto por el encéfalo, ubicado dentro de la cavidad craneana y la médula espinal, situada dentro de la columna vertebral. El encéfalo de un humano adulto pesa unos 1.300 gramos (un poco menos en la mujer) y está compuesto por el cerebro, que es la parte más desarrollada y compleja del sistema nervioso, y otras estructuras anexas, más pequeñas, que son el cerebelo y el tronco cerebral. Aunque el encéfalo solo supone el 2 % de la masa corporal, consume el 20 % de la energía del organismo. Su metabolismo precisa del aporte continuo de oxígeno y glucosa, careciendo de reservas de ambos elementos. Cualquier interrupción del oxígeno durante un breve lapso de tiempo causa lesiones neurológicas, muchas veces irreversibles. La caída brusca de la glucemia también causa daño cerebral.

Viendo un cerebro, lo primero que apreciamos es que se compone de dos mitades. Cada una de ellas es una imagen especular de la otra. A cada mitad la llamamos hemisferio cerebral y ambas están unidas por un grueso haz de varios millones de fibras de conexión (cuerpo calloso). La parte externa del cerebro es la corteza cerebral, formada por una delgada capa, llena de pliegues, de color gris. Se estima que la componen varias decenas de miles de millones de neuronas. Por debajo de la corteza está la sustancia blanca, que ocupa el mayor volumen de cada hemisferio cerebral. Está formada por los axones de las neuronas, que van en estuches cubiertos de mielina. En la parte interior del cerebro hay unos núcleos grises o acúmulos de neuronas que son el tálamo y los ganglios basales. El primero es una estación de paso a donde llegan todos los estímulos sensoriales desde los órganos de los sentidos y desde donde se envían esos mensajes a la corteza. Los ganglios basales son estructuras, conectadas asimismo con la corteza, que intervienen en la automatización de los movimientos y de las respuestas emocionales. Más cerca de la línea media está el sistema ventricular, compuesto por unos espacios (ventrículos) llenos de líquido cefalorraquídeo, el cual tiene un aspecto muy parecido al agua. El líquido del interior sale al exterior y rellena el espacio que forman las meninges, envolturas externas del cerebro, una más consistente y externa (duramadre) y otra más fina y cercana al órgano (leptomeninge). El líquido amortigua los movimientos de la cabeza sobre la blanda masa cerebral, pero también elimina los residuos químicos que el cerebro desecha y, finalmente, van a la sangre a través de las venas cerebrales.

Cada hemisferio cerebral se divide en 4 lóbulos que tienen la misma denominación que los huesos del cráneo: Frontal, ocupando la parte más anterior. Parietal, en la pared central superior. Temporal, en la parte central inferior. Occipital, en la parte posterior. Todos están muy interconectados, pero tienen funciones diferenciadas.

Los lóbulos frontales realizan:

1) Funciones motoras: la corteza motora de cada hemisferio genera los movimientos del hemicuerpo contralateral. En esta área se describieron por primera vez las “neuronas en espejo”, que se activan tanto al ver como al realizar una tarea.

2) Lenguaje: el módulo para la expresión verbal está en el área de Broca del hemisferio izquierdo o dominante.

3) Memoria de trabajo: retención durante un tiempo breve de las palabras o datos que se manejan en un momento dado, para dar continuidad a las acciones. Este tipo de memoria utiliza el lóbulo frontal izquierdo para el material auditivo y, el derecho, para el visual, existiendo una rica comunicación interhemisférica para que se pueda simultanear el trabajo con ambas modalidades sensoriales.

4) Planificación de objetivos: perspectiva entre la posición actual y a la que se desea llegar, con ordenamiento de las acciones que deberían conducir al objetivo pretendido. A lo largo de la ruta serán precisos refuerzos o rectificaciones, según las variaciones que se produzcan, tratando siempre de alcanzar la meta señalada.

5) Autoconocimiento: identificación moral de uno mismo respecto a los demás.

6) Juicio: la decisión que se elige como verdadera o más acertada, en un asunto que admite varias interpretaciones.

7) Motivación: la fuerza que nos mueve a seguir un determinado itinerario vital para alcanzar el fin deseado. Una lesión en el lado izquierdo, produce apatía y anula la voluntad y el interés que antes podía tener el sujeto. Una lesión en el lado derecho produce un humor insulso, que recibe el nombre de moria.

Los lóbulos parietales asumen:

1) Registro de la sensibilidad táctil (superficial) y de tendones y músculos (estructuras profundas). Cada hemisferio recoge la sensibilidad del hemicuerpo contralateral.

2) Imagen del espacio exterior e imagen del propio cuerpo (se realiza, sobre todo, con el hemisferio derecho).

3) Lenguaje matemático y ritmo, con el hemisferio izquierdo.

4) Praxias (acciones o gestos motores aprendidos: coser un botón con aguja e hilo; clavar una punta con un martillo; decir adiós con la mano; hacer la señal de la cruz; etc.), también con el hemisferio izquierdo.

Los lóbulos temporales se especializan en:

1) Adquisición de memoria para hechos nuevos: en el hipocampo, con la especialización verbal localizada en el lado izquierdo y la visual en el derecho.

2) Comprensión del lenguaje: es quizás la principal función del cerebro humano, localizada en el área de Wernicke, en el hemisferio izquierdo.

3) Reconocimiento de caras y objetos, aunque cambien de aspecto. Por ejemplo, reconozco a un amigo, aunque no lo haya visto en unos años y vaya vestido de forma distinta a como lo vi la última vez. O identifico una mesa, aunque sea distinta de otras que conozco.

Los lóbulos occipitales se ocupan:

1) Procesamiento de toda la información visual: agudeza y campo.

2) Resto de modalidades relacionadas con la visión: color, forma e imágenes en movimiento.

Las funciones cerebrales que compartimos con los animales y, en mayor medida, con los superiores son:

(a) Instintos, emociones y sentimientos.

(b) Sensaciones y movimientos.

Las funciones cerebrales complejas y evolucionadas que nos caracterizan como seres humanos y que resumiremos en tres:

  1. Lenguaje.
  2. Razonamiento.
  3. Inteligencia, o capacidad para aplicar todas las funciones cognitivas para resolver de la manera más eficaz cualquier tarea.

Igual que el ejercicio influye en el desarrollo del músculo, la actividad mental y el aprendizaje remodelan el cerebro y pasan a formar parte de la reserva cognitiva del individuo.

La neuroplasticidad es la propiedad del cerebro de generar o ampliar circuitos y conexiones que faciliten la realización de nuevas tareas. También incluye la recuperación de tareas que se hubieran interrumpido por cualquier causa y que vuelven a estar operativas a través de circuitos y mecanismos compensadores. El cerebro, en condiciones favorables de estimulación, adapta su estructura para mejorar sus funciones y almacenar todo ese enriquecimiento cognitivo. La información se convierte en formación. En consecuencia, el propietario de una reserva cognitiva de calidad tarda más en perderla, y, por eso, decimos que es menos vulnerable a la demencia. El reparto de esa riqueza beneficia a los demás. Además de la herencia por descendencia, que es la que trasmiten los padres a sus hijos, está la herencia por influencia, que es la que multiplica el buen maestro entre sus discípulos.

                  3. ¿Qué son las funciones cognitivas?

Son aquellas habilidades que conforman la capacidad mental del individuo permitiéndole desarrollar sus tareas habituales.

Estos procesos mentales se activan cuando percibimos estímulos a través de nuestros sentidos. En las respuestas que genera el cerebro influyen tanto la experiencia adquirida como el momento vivencial presente. Clasificamos de forma arbitraria las funciones cognitivas en módulos de un conjunto, que es el estado mental. La complejidad del modelo cerebral que permite analizar esas funciones interconectadas dista mucho de conocerse. El estado mental es algo más que la vigilia (estar despierto) o la conciencia (darse cuenta de lo que ocurre fuera o dentro de nosotros). Puede resumirse como la capacidad del individuo no solo de percibir su entorno, sino también su propio cuerpo y reflexionar con el conocimiento adquirido sobre su papel en el mundo. Todo está en el cerebro y, cuando este se lesiona, aparecen alteraciones en el estado mental que se pueden valorar mediante el examen neuropsicológico y la exploración neurológica del sujeto afecto.

Podemos resumir cualquier función cognitiva como la sucesión de estímulos que se transforman en respuestas, siguiendo el siguiente esquema de conexión cerebral:

  1. El cerebro recibe la información sensorial y procede a su oportuna interpretación. Lo primero es la entrada de datos sensoriales (inputs, utilizando el lenguaje de la informática, procedente del inglés).
  2. El cerebro transforma la información en mensaje, que clasifica, trata y almacena para su utilización posterior (processing of information).
  3. Al final, el mensaje se expresa de diferentes formas: una toma de decisión, unas palabras, un acto motor o cualquier otra realización (outputs o salidas, que, a su vez, dejan huella en la memoria para saber cómo comportarse en sucesivas ocasiones).

La capacidad mental continúa a lo largo de la vida, mientras haya estímulos que la alimenten y circuitos cerebrales que mantengan su actividad. Las lesiones en los circuitos producen trastornos funcionales relacionados con la localización de la lesión. Sin embargo, sigue siendo un enigma cómo el cerebro elabora un pensamiento o cómo una emoción se transforma en un sentimiento. La corteza cerebral es la estructura que participa de forma más extensa e importante en el funcionamiento de las actividades cognitivas.

Cognitivo quiere decir lo que se conoce y, por extensión, se utiliza el término para referirse a la actividad mental que un sujeto es capaz de desarrollar y mantener. La corteza cerebral está compuesta por una extensa población de neuronas, que funcionalmente forman nodos (centros funcionales) interconectados entre sí y con otras estructuras neuronales subcorticales (núcleos de la base y del tronco del cerebro). Las conexiones neuronales se establecen a través de sinapsis (contacto entre dos neuronas). Las señales cerebrales que generan los estímulos sensoriales viajan a través de circuitos, que son como autovías de navegación, cada una de las cuales permite el tráfico de determinados vehículos, en este caso de diferentes modalidades de información. Los mensajes nerviosos, cuando pasan por diferentes nodos, modifican su contenido hasta que la señal transformada alcanza la estación de salida. Todas las áreas, estaciones o nodos están comunicados a través de una red de circuitos por la que viajan los mensajes. Los nodos y las conexiones configuran una red que se asemeja a un mapa de navegación aérea. Los nodos son como los aeropuertos y las conexiones como los trayectos que recorren los aviones, de una ciudad a otra. Los mensajes químicos y eléctricos equivalen a los aviones que transportan pasajeros y mercancías. Las grandes ciudades reciben mayor número de vuelos y pasajeros y generan mayor número de conexiones. En el cerebro hay también áreas más estratégicas e hiperconectadas, donde una pequeña lesión produce consecuencias devastadoras.

Al final, todo ese soporte permite la generación del pensamiento y de las funciones cognitivas, aunque no sabemos bien cómo ocurre. Sin la integridad de los circuitos cerebrales, se producen fallos en las actividades que genera el cerebro. Las funciones cognitivas son constructos no perfectamente independientes unas de otras, lo que indica la complejidad del cerebro. Repasaremos las más importantes.

   4. ¿Cuáles son las funciones cognitivas?

Llamamos inteligencia a la capacidad mental para resolver situaciones nuevas con acierto, utilizando habilidades cognitivas como la memoria, el lenguaje, el razonamiento y la voluntad.

Las personas con demencia sufren la pérdida o disminución (déficit) de varias funciones cognitivas, siendo lo más frecuente la pérdida de memoria sumada a la de algunas otras. En total, las funciones cognitivas son las siguientes:

(1) Memoria y aprendizaje: la memoria incluye la capacidad para el recuerdo de hechos cotidianos recientes y para la evocación de personas o sucesos, relacionados con la propia vida. Asimismo, incluye la utilización de los conocimientos adquiridos y la capacidad para el aprendizaje de otros nuevos. Una persona que pierde memoria sufre amnesia. Al principio, en la enfermedad de Alzheimer falla el recuerdo de hechos recientes, por ejemplo, el paciente olvida lo que alguien le ha dicho poco tiempo antes. De esta forma, pierde la capacidad para adquirir nuevos conocimientos y para captar los cambios del mundo presente. Por eso se aferran al pasado, que tardará más tiempo en desvanecerse. Los recuerdos del pasado, que se conservan mejor grabados, los repite, con lujo de detalles, una y otra vez, olvidando que ya los ha contado antes.

(2) Lenguaje: en el aspecto verbal, puede haber dos problemas, dificultad para comprender las ideas que trasmiten los demás, a través de lenguaje, o dificultad para expresar el pensamiento por medio de palabras. La pérdida de lenguaje en general se llama afasia. La pérdida de la articulación del habla, por algún defecto motor en la boca, que impide pronunciar correctamente, es un problema diferente y se conoce como disartria.

(3) Praxias: son acciones aprendidas que hemos automatizado para su reproducción inmediata cuando las necesitamos. Unas veces son gestos corporales para expresar intenciones y, otras, actos motores para manejar objetos en la realización de tareas útiles y habituales. Estas habilidades no son innatas, como la marcha, que se activa de manera automática al llegar el niño a una determinada maduración. Las praxias son acciones que tras el aprendizaje han quedado memorizadas en nuestro cerebro. Las utilizamos todos los días como lenguaje corporal y herramienta para actividades múltiples. Bien es verdad, que las hacemos mejor y más cómodamente cuando ponemos la atención justa en su realización, pero no una excesiva concentración o gasto de energía en ellas, porque entonces pierden espontaneidad y naturalidad. Sin embargo, mejora su realización con la frecuencia de uso. Así pasa con los gestos. Sabemos decir adiós con la mano, o pedir silencio llevándonos un dedo a la boca y utilizamos estos gestos cuando llega el caso sin tener que pensar en cómo hacerlos, usando la cara y, sobre todo, con la mano diestra. Pero las personas que trabajan de cara al público, como actores, presentadores y agentes de venta directa hacen esos y otros gestos mucho mejor y sobre todo de forma más convincente. En cuanto a las acciones aprendidas, van de las más sencillas como vestirse, peinarse, comer con cubiertos o atarse los cordones de los zapatos, a otras más complejas, como representar una figura mental a través de un dibujo sencillo (dibujar un niño, un árbol o una casa) o copiar un modelo que proponga el examinador. Todas estas habilidades implican acciones en las que se utilizan la cara y las manos (sobre todo la diestra), pero alguna vez también los pies (botar un balón repetidamente sobre el empeine, sin dejarlo caer, como hacen los futbolistas). La pérdida de estas habilidades se conoce como apraxia.

(4) Reconocimiento visual y espacial de personas, objetos o medio ambiente, desde diferentes posiciones y bajo diversas circunstancias. Ejemplos: capacidad para reconocer a personas conocidas, aunque no las hayamos visto desde hace tiempo y haya cambiado su aspecto y su vestimenta. Lo mismo respecto a reconocer paisajes modificados o transformados desde la última vez que los vimos. Basta un pequeño detalle que estimule nuestro recuerdo para saber qué cambios han sobrevenido. Tenemos, por otra parte, ideas visuales generales de muchos objetos que utilizamos a diario. Sabemos lo que son una mesa o una silla, por muy diferentes formas o colores que presenten y aunque no hayamos visto un modelo concreto antes. Los ciegos desarrollan capacidades semejantes a los videntes valiéndose de la información que les llega por otros sentidos, como oído y tacto. La pérdida de estas habilidades, en general, se conoce como agnosia y las denominaciones son diversas según la característica o modalidad afectada (agnosia visual, agnosia visuoespacial, etc.).

(5) Atención: es un estado de vigilancia especial que se mantiene, sobre todo, cuando el sujeto tiene interés por lo que ve o escucha, sea personas, animales o fenómenos medioambientales. La concentración es la atención focalizada en una tarea y sostenida en el tiempo. Por ejemplo, la del controlador de vuelos delante de la pantalla de radar, con los aviones volando; o la del cazador que acecha la presa que pretende capturar. También la atención es ese esfuerzo mental con el que uno escucha a otra persona, aunque no le interese el tema, como muestra de cortesía. El tiempo de procesamiento mental es todo el que transcurre desde que el sujeto recibe una información hasta que produce una respuesta. Aunque la atención no es más que una parte de todo ese proceso, influye mucho en la velocidad del pensamiento. Cuando una persona tiene disminuida la atención, usamos varios nombres para designarlo. Coloquialmente se dice que el sujeto está “espeso” y la causa más frecuente es la fatiga mental, por falta de sueño. El término más sencillo es inatención y el más médico y complicado, bradipsiquia (discurrir o pensar con lentitud).

(6) Juicio y razonamiento: son dos capacidades mentales próximas. El juicio es la habilidad para saber elegir entre varias opciones o situaciones la más acertada, en función de los datos disponibles en un momento dado. Se pone como ejemplo el juicio de Salomón. El razonamiento es la reflexión que nos conduce de una evidencia a otra. El juicio es siempre un ejercicio de realidad, que supone tener delante elementos objetivos y reales sobre los que tomar la decisión más acertada. A menudo la realidad que observamos o conocemos es incompleta, por lo que la certeza del juicio siempre tiene un riesgo de error, por muy bien que se razone. La persona juiciosa tiende a equivocarse cada vez menos, porque obtiene experiencia de sus errores anteriores y utiliza ese recuerdo para mejorar las decisiones que tomará en el futuro. En ese caso, no solo es memoria lo que almacena, es algo más. La experiencia es como una memoria que almacena decisiones acertadas y erróneas y la capacidad para distinguir entre ambas por muy parecidos aspectos que presenten lo verdadero y lo falso. Cuando un sujeto advierte que se ha equivocado, trata de corregir el error y encontrar la solución acertada, aunque sea de segunda intención. Y, antes de tomar otra nueva decisión, reflexiona entre las alternativas posibles para encontrar la más acertada. La falta de reflexión usando los materiales de la experiencia hace que algunas personas tomen, una y otra vez, decisiones desacertadas, en perjuicio suyo y de quienes viven con ellos. Muchas veces la deficiente percepción de la realidad o la ausencia de juicio se rellena con elementos fantásticos (fabulaciones) con los que el sujeto construye una falsa realidad, un delirio, que puede promover actuaciones inapropiadas en quien lo padece.

(7) Funciones ejecutivas: capacidad combinada para planificar, organizar y realizar una acción, que previamente hemos aceptado, motivados por su conveniencia. Esto supone tener, por una parte, objetivos claros y fijos y, a la vez, estrategias flexibles para lograr los resultados apetecidos. Por poner un ejemplo, es como el navegante de un barco de vela que se marca un destino y aprovecha todos los vientos para llegar a su meta. Aunque unos desvíen su rumbo, se vale de otros para corregirlo y, al final, llegar a buen puerto. La función ejecutiva es compleja: hay atención, motivación, esfuerzo para emprender algo y para sostenerlo a lo largo del itinerario, empujando unas veces y esperando o corrigiendo otras el camino emprendido, hasta conseguir lo que se ha seleccionado con tanto interés. Cuando fallan estas funciones directivas del individuo hablamos de disfunción ejecutiva. Lo primero que se observa en el comportamiento es apatía, que se define como falta de motivación o desinterés afectivo para llevar a cabo conductas dirigidas a un objetivo, sin que haya disminuido la conciencia de los estímulos emocionales. A veces hay abulia, que es la falta de voluntad y energía para persistir en las tareas programadas. En otras ocasiones, lo que predominan son las alteraciones de conducta con desinhibición (actuar sin reflexión ni control de los propios impulsos), desorganización (no tener las ideas claras sobre cómo es la propia situación o no saber elegir en cada momento la opción adecuada), indecisión (no parar de darle vueltas a lo que se debería hacer sin llegar a hacerlo) y las consecuencias de todo ello: desaseo (no cambiarse de ropa), dejadez (no hacer la cama ni la limpieza de la casa), escapismo (querer salir de casa a toda costa), errabundismo (ponerse a caminar sin rumbo, muchas veces después de haberse fugado de casa), etc.

(8) Habilidades sociales: hay personas que tienen facilidad para el contacto social y otras que parecen sentirse incómodas tratando con otros. Es una cuestión de personalidad y a los primeros los llamamos desenvueltos y a los segundos tímidos, pudiendo darse extremos patológicos en ambos sentidos. Pero aquí nos referimos a la calidad de las actuaciones del individuo, a sus hábitos sociales o maneras de actuar que le permiten ser reconocido en la comunidad donde vive, como individuo de confianza. Naturalmente, tiene que darse dentro de una sociedad bien estructurada, porque si el grupo social es marginal o está dominado por minorías que imponen conductas radicales, ser aceptado no es ningún mérito. El individuo bien aceptado en una sociedad estructurada sabe conducirse con corrección, respeta las normas sociales, tiene seguridad en sí mismo, evita sobresalir y facilita el desarrollo de la vida de los demás. Hay individuos que destacan por su conducta prosocial y son estimados porque atienden las necesidades de otros cuando se encuentran en apuros, mediante presencia, consejo o ayuda, igual que evitan las tensiones y conflictos sociales que incomodan al bienestar común. En todos los casos habría que añadir que hacen las cosas lo mejor posible, porque nadie puede resolver todos los problemas que se le presentan. El altruismo es una actitud generosa hacia los demás, que lleva a procurar el bien ajeno aún a costa del propio interés. Pero a nadie se le puede pedir llevar el beneficio de los demás al extremo de perjudicar seriamente su propio interés, porque eso ya es heroísmo y eso está fuera del comportamiento común. Lo mismo que hay personas con sociabilidad normal o elevada, también hay otras con comportamiento asocial. No cuentan para ellos los asuntos sociales que atañen a los demás. Los niños con autismo y los adultos con determinados trastornos cerebrales presentan comportamientos asociales. No aprecian las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, un niño que padece autismo entra en una cafetería con sed o hambre y viendo en una mesa un vaso y un pincho, toma lo uno o lo otro, sin reparar en que alguien lo ha pedido e iba a tomárselo. Tales pacientes pueden sufrir, además del trastorno, un injusto rechazo social. Otra cosa distinta es la conducta antisocial, que se cita aquí para diferenciarla de la anterior. El individuo antisocial busca satisfacer las propias apetencias en contra de los derechos e intereses de los demás, casi siempre con disimulo y engaño de la finalidad que pretende, pero a veces con menosprecio, burla o matonismo, todo lo cual es delictivo.

Las cuatro primeras funciones cognitivas tienen que ver más con el conocimiento y son más objetivas. Las cuatro últimas están más relacionadas con la conducta y naturalmente admiten más matices. Muchas veces las lesiones cerebrales causan mezcla o superposición de los déficits. La integridad de la corteza cerebral y de las vías y conexiones entre áreas corticales y núcleos subcorticales es necesaria para el funcionamiento normal de todas estas actividades cognitivas. No existe dualidad entre mente y cerebro, aunque a veces no sepamos interpretar todos los síntomas ni todas las causas.

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